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noviembre 17, 2009

UN XOCHIMILCO


Un Xochimilco donde caben muchos Xochimilcos...

Uno donde habita Doña Feliciana Benites, que llego al pueblo de Santa Cruz Acalpixca en el año de 1993, cuenta que venía de Puebla con su esposo buscando un espacio donde vivir y aquí lo encontraron, en ese entonces al igual que ahora, baja de la parte de los cerros, donde se encuentra su casa, a los lavaderos comunitarios del centro del pueblo, siempre es apoyada por un burro que le vendió un vecino hace tiempo… y así describe el Xochimilco que ella conoce: - es un lugar bonito en las mañanas, pues cuando bajo con “Ramiro” apenas va aclarando y el olor de la hierba esta fresco y me recuerda a mi pueblo todavía.-

Uno donde habita Samanta Becerril, ella vive en Bosques residenciales a un costado de la glorieta de Vaqueritos, su papá es del pueblo de Santiago Tepalcatlalpan y su mamá es de Colima, tiene sus 18 años de vida entre Colima y Xochimilco, ya sea por vacaciones o por fiestas pero siempre esta entre los dos lugares, comenta que ambos le gustan pero que a futuro le gustaría vivir en otro estado, ahora estudia en la Universidad del Valle de México la carrera de Arquitectura… y así describe el Xochimilco que ella conoce: -es un lugar de mucha vegetación todavía, y con muchos descuidos de su riqueza, espero que en el futuro siga siendo un lugar de muchas tradiciones, así como en Santiago el pueblo de mi papá.-

Uno donde habita Ana María Cortez, ella es nativa del pueblo de San Gregorio Atlapulco aquí en Xochimilco, ahora después de casarse vive en el Barrio de Xaltocan en un terreno que le heredo su abuelo y que año con año ofrece para los preparativos de algunas posadas de la virgen de los Dolores, cuenta que desea regresar a vivir a su pueblo para estar cerca de sus demás parientes y que sus hijos y nietos vivan ahí… y así describe el Xochimilco que ella conoce: - pues para mí es como una casa muy grande donde se encuentra la gente que quiero, donde a veces hay problemas difíciles de resolver y otras muchas fiestas por vivir.-

Uno donde habita Juan Fabián Tenquedo, el llego de la ciudad de Querétaro en 1996, ahora vive en la colonia San José de las Peritas, ya a las orillas de Xochimilco, se caso con una Mujer del pueblo de San Mateo Xalpa hace un par de años, cuenta que decidió comprar un terreno aquí debido a que le quedaba cerca de un empleo que tenia en ese entonces por el Centro de Tlalpan, su trabajo ahora esta por Mixcoac y comenta que es probable que deba irse a vivir con su esposa a Guadalajara … y así describe el Xochimilco que el conoce: - es como esos jardines que siempre se encuentran en los rincones de las grandes ciudades, donde te vas a relajar, donde te sientes tranquilo.-

Son muchos los rostros de Xochimilco, aquí otros que nos deben confrontar y comprometernos, pues es en esta realidad donde habitan esas vidas.








Fotografía: Colectivo Tollan/Bel.

octubre 08, 2009

Surrealismo mexicano y xochimilca


En los talleres de Diseño que estamos impartiendo, durante la primera sesión hablábamos de las sillas y la creatividad, leyendo el periódico La Jornada, encontramos este interesante articulo de Arnoldo Kraus, en donde nos “dibuja” una maravillosa anécdota que sucedió cuando el poeta André Breton visito Xochimilco. Un poco de reflexión, surrealismo y magia, un buen cóctel para entendernos como mexicanos.

Había una vez un país llamado México. Un país vecino de Estados Unidos y de Guatemala. Una nación donde el surrealismo de otras épocas se achica ante el México de hoy. El México de Felipe Calderón y de los tres partidos políticos que desgobiernan de norte a sur, del oeste al este y de la tierra al cielo. Había un país llamado México que sigue llamándose México, pero que cada vez se desteje más.


¿Recuerdan la vieja anécdota de lo que le sucedió a André Breton, uno de los fundadores del surrealismo, cuando estuvo en México? Nunca he comprobado si lo que ahora reproduzco fue verdad o no, pero la fuerza de la repetición y la certeza de que Juanito y el presidente Calderón son México, son suficientes razones para creer en la veracidad de la anécdota.

Cuando Breton visitó nuestro país en 1937 fue invitado a pasear a Xochimilco. Asombrado por la belleza del lugar y por la destreza de los artesanos que hacían sillas con madera y cuerda, dibujó, en un papel, una silla. El diseño de Breton enfocó a la silla de perfil, de tal forma que sólo se veían tres patas, las de adelante y una de las de atrás; una de las patas traseras no se veía por la perspectiva del dibujo.

– ¿Podría hacerme esta silla? –pidió André al artesano.
–Encantado –respondió el maestro–. Tendré lista su silla cuando regrese de la excursión.

Inmensa fue la sorpresa del autor de Los vasos comunicantes cuando regresó: la silla estaba terminada. El artesano había copiado fielmente el respaldo, el asiento, el grosor de las cuerdas, las curvas de las patas y los colores sugeridos por el comprador. Para no desvirtuar la realidad reprodujo el dibujo punto por punto; se apegó al diseño y no lo modificó.

El resultado fue sorprendente: sólo hizo tres patas. Dice la leyenda que Breton se quedó atónito y contento: el surrealismo, montado en tres patas mexicanas, era un tema inacabado. Tenía razón. En el surrealismo mexicano de 2009, que ya no es antirracional sino racional, ahora son los indígenas de Oaxaca y Puebla los que envían remesas a Estados Unidos.

Todos sabemos en México de la heroicidad de los indocumentados que emigran a Estados Unidos y a Canadá con tal de nutrir a sus familias e impedir que mueran por el desdén y los hurtos de la mayoría de nuestros políticos. Ni siquiera Vicente Fox en sus peores momentos, o Felipe Calderón en sus mejores destellos, lo ignoran: los migrantes son nuestra pena y nuestros héroes.

Lo que sin embargo nadie esperaba es que la realidad se reinventase o se surrealice: desde hace cuatro meses los familiares de los migrantes oaxaqueños y poblanos les han empezado a mandar dinero a Estados Unidos. La palabra surrealice es un término inexistente, pero aplicable al gobierno de Calderón. Ahora las remesas han invertido su dirección: el dinero viaja de las zonas serranas de Puebla y Oaxaca hacia Estados Unidos. Las razones son obvias y dolorosas.

En una nota firmada por Susana González G., publicada en La Jornada el pasado 4 de octubre, Martín Zuvire, director del sistema de microbancos rurales de la Asociación de Uniones de Crédito del Sector Rural, manifestó que “en lugar de recibir remesas, familias que habitan en zonas de alta marginación están enviando dinero a sus parientes en Estados Unidos, que han quedado desempleados, para ayudarlos a sortear la crisis económica y evitar así que retornen a México”.

Desde hace cuatro meses algunas familias de migrantes les mandan entre 3 mil y 6 mil pesos mensuales con tal de que no regresen. Regresar implicaría pagar al contrabandista de seres humanos –pollero de acuerdo con el Diccionario de las infamias del ser humano– una cantidad similar a la erogada cuando cruzaron ilegalmente la frontera. Implicaría también perder la esperanza de que el familiar se emplee nuevamente, así como la imposibilidad de ofrecerle trabajo en su tierra natal. De acuerdo con Zuvire, en esas zonas “… las familias han vivido en ‘crisis permanente’, por lo que están mucho más entrenadas para resistir la actual recesión”.
Me repito: en México todos sabemos de la heroicidad de los indocumentados que emigran a Estados Unidos y Canadá con tal de nutrir a sus familias.

Lo que no sabíamos es que las políticas neoliberales, y las torpezas ad nauseam de los gobiernos mexicanos, se encargarían de revivir la antirracionalidad del surrealismo. La inversión de las rutas del flujo de dinero entre México y Estados Unidos es un capítulo inédito del surrealice del presidente Calderón y compañía.

Es una pena que Breton haya muerto. Es una pena que el presidente Calderón no lo pueda invitar a Xochimilco. Es un escándalo que familias que viven en “crisis permanente” envíen dinero de las zonas marginadas de Puebla y Oaxaca a los migrantes mexicanos porque Calderón no quiera financiar a nuestros polleros. Y es una pena que se sigan fabricando sillas de tres patas en Los Pinos.
Nota: les dibujamos una silla con el probable ángulo de perspectiva que Bretón le dibujo al artesano Xochimilca.

Ilustración: Roco Ocaña

agosto 19, 2009

Ahorita vengo...


El uso coloquial de muchas palabras en nuestro idioma mestizo -el español mexicano-, esta generalizado en nuestra cultura lingüística, dichas palabras tienen su propia historia e incluso poseen una especie de subconsciente colectivo las cuales parecen estar culturalmente acomodadas en nuestro inconciente también colectivo.

Estos vocablos, los cuales aparentemente son triviales e incluso son considerados vulgares, corrientes y con un estigma folclórico; forman parte de nuestro corpus psicológico y etnológico, son cabos que andan sueltos, si los atamos, podríamos comprendernos más desde la perspectiva social.

Por ejemplo la palabra “Ahorita” aplicada como el prefijo de algunas frases hechas y exageradamente usadas por todos nosotros de una manera tan cotidiana. El escritor italiano Gutierre Tibón, nos deja la siguiente opinión al respecto:

Ahorita vuelvo, dijo Huitzilopochtli.

La patética narración de Coatlicue, de cómo se fue su hijo Huitzilopochtli, me sugiere unas consideraciones:

En México es común el uso de expresiones “Ahorita vengo”, “Ahorita vas a ver”, las cuales no significan que el sujeto tenga la intención de volver. Se trata, según parece, de una formula de cortesía prehispánica que ha perdurado hasta nuestros días, de un eufemismo sui géneris que refleja toda una postura psicológica. En Europa, desde luego no se conoce.

Cuando alguien nos dice “ahorita vengo”, participamos en el juego, fingiendo creerlo, aunque sepamos perfectamente que no volveremos a verle la cara, por lo menos durante horas.
Coatlicue cuenta que Huitzilopochtli, al partir, le dijo: “Madre mía, no me tardaré mucho en dar la vuelta, ahorita vengo”

Al cabo de cuatrocientos años no había vuelto, en tanto que su madre seguía esperándolo en ayuno y penitencia.

Hasta la fecha seguimos esperando muchas cosas, es parte de nuestra cómica condición cultural de aguante, resignación y estoicismo; siempre esperando que llegue “algo” o “alguien”, a veces el inconciente colectivo nos traiciona.

abril 01, 2009

Aires

De nuevo llega este aire fuerte, los ventarrones restriegan las ramas contra el cielo, las jacarandas y sus tonos lilas hacia la calle; hoy no es una tarde como otra, es una tarde de aquéllas en las cuales, uno apacigua el alma al caminar por este pueblo; hoy camine sin rumbo, fui a la plazuela de san Antonio, me senté, mire a los chicos jugar; después llegue a San Juan, le pregunté a Don Sabino que sentía esa tarde, no me contestó, solo movió unas ramas y sentí su paz de siglos. Seguí por el callejón del Camino Verde, ví algunas ruinas de casas y jacales de otros tiempos, que bonitos eran, pensé; ¿aquellas gentes de otros tiempos se habrán sentido agradecidos con esta tierra, con este pueblo?...

Los cerros ya están más verdes, estos aires traen nueva vida, están muy recios; es como si nos dijeran: ya vinimos de nuevo, vinimos a limpiar el pueblo, traemos fuerza y terquedad, atrás de nosotros vienen los días soleados y más atrás las lluvias; nosotros les vamos preparando el camino para la siembra, después la cosecha será lo mejor…qué cielo tan limpio, susurré.
Fotografía: Colectivo Tollan

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