agosto 19, 2009

Ahorita vengo...


El uso coloquial de muchas palabras en nuestro idioma mestizo -el español mexicano-, esta generalizado en nuestra cultura lingüística, dichas palabras tienen su propia historia e incluso poseen una especie de subconsciente colectivo las cuales parecen estar culturalmente acomodadas en nuestro inconciente también colectivo.

Estos vocablos, los cuales aparentemente son triviales e incluso son considerados vulgares, corrientes y con un estigma folclórico; forman parte de nuestro corpus psicológico y etnológico, son cabos que andan sueltos, si los atamos, podríamos comprendernos más desde la perspectiva social.

Por ejemplo la palabra “Ahorita” aplicada como el prefijo de algunas frases hechas y exageradamente usadas por todos nosotros de una manera tan cotidiana. El escritor italiano Gutierre Tibón, nos deja la siguiente opinión al respecto:

Ahorita vuelvo, dijo Huitzilopochtli.

La patética narración de Coatlicue, de cómo se fue su hijo Huitzilopochtli, me sugiere unas consideraciones:

En México es común el uso de expresiones “Ahorita vengo”, “Ahorita vas a ver”, las cuales no significan que el sujeto tenga la intención de volver. Se trata, según parece, de una formula de cortesía prehispánica que ha perdurado hasta nuestros días, de un eufemismo sui géneris que refleja toda una postura psicológica. En Europa, desde luego no se conoce.

Cuando alguien nos dice “ahorita vengo”, participamos en el juego, fingiendo creerlo, aunque sepamos perfectamente que no volveremos a verle la cara, por lo menos durante horas.
Coatlicue cuenta que Huitzilopochtli, al partir, le dijo: “Madre mía, no me tardaré mucho en dar la vuelta, ahorita vengo”

Al cabo de cuatrocientos años no había vuelto, en tanto que su madre seguía esperándolo en ayuno y penitencia.

Hasta la fecha seguimos esperando muchas cosas, es parte de nuestra cómica condición cultural de aguante, resignación y estoicismo; siempre esperando que llegue “algo” o “alguien”, a veces el inconciente colectivo nos traiciona.

agosto 05, 2009

Ideas textiles

La innovación en los objetos de diseño es una constante evolutiva intrínseca desde la aparición de los primeros artefactos paleolíticos de uso personal y cotidiano.
La ornamentación de los objetos es también una ornamentación de nosotros mismos como usuarios de ese objeto material. Ellos son un espejo de lo que somos.

Abajo aparecen imágenes de textiles huicholes nayaritas y de nahuas hidalguenses, sus patrones formales son prácticamente “puntadas/píxeles” que como la mas mínima unidad gráfica componen en su conjunto múltiples formas con un amplio simbolismo cultural.




En el estudio de diseño Mike and maaike La propuesta de joyería en cuero llamada “stolen jewels”, que son impresas por medios digitales, dan como resultado la conceptualización de la idea iconográfica del píxel en joyas que fueron diseñadas y fabricadas por firmas reconocidas en materiales verdaderos como metales y piedras preciosas, pero inaccesibles por sus elevados costos. Es por eso que al fotografiarlos, “pixealearlos” y digitalizarlos sobre un sustrato de piel son convertidos en objetos “innovadores” y es literal el “robo” de ellas para la creación de estas piezas.


Es interesante y curioso observar como desde perspectivas distintas y anacrónicas se ha llegado a formas y ornamentaciones muy parecidas y sobre todo valiosas culturalmente.

julio 15, 2009

La cocina de humo de la abuela


Recuerdo que estaba ubicada hasta el final del patio de la casa, estaba construida con madera de algunos muebles y ventanas viejas. En tiempos pasados fue de madera de tejamanil con techo de zacatón.

El humo salía por las ventanas y rendijas cuando se cocinaba para la fiesta del abuelo, para la posada o para los funerales de algún familiar. Era un espacio de sacralidad familiar; en el centro, las tres piedras del Tlecuil, poseedoras del fuego ancestral y de las convergencias familiares, culturales e históricas.

Una tortilla en ese tlecuil, dejada endurecer por el fuego, aderezada con sal y ceniza, fueron de los alimentos más elementales y sabrosos que recuerdo haber probado.

Ahora que comenzarón las lluvias, aún por el patio se cuelan esos olores a humo, ocote, tizne, maíz y sal, que al mojarse la tierra parecieran que vuelven de su letargo petrificado en los restos y ruinas de aquella cocina.
Ilustración: Roco Ocaña

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